domingo, 24 de octubre de 2010

Awarness

Concentración: “Reflexionar profundamente, fijar la atención o el pensamiento en algo” (WordReference.com)
Nuestra postura ante la conciencia refleja muchas veces nuestra postura hacia la vida. Para algunos, la conciencia es un fastidio, una voz que les fastidia con sus prohibiciones y recriminaciones.
La importancia de mantener cuerpo y mente unidos en una misma sintonía la encontramos cuando tenemos un plazo determinado para entregar un trabajo, la concentración es especialmente importante para el proceso de aprendizaje, para escuchar lo que nos dice cualquier persona (sean instrucciones o algo personal e íntimo), cuando tenemos que terminar una lectura y no tenemos control sobre el ambiente donde nos ubicamos. Respecto a este punto debo agregar que cada persona necesita de un ambiente diferente para concentrarse, aprender con efectos o sensaciones visuales, leer con la televisión encendida o no, esto ultimo se ha explicado mediante estudios clínicos, con los cuales se argumenta que la proporción de determinadas sustancias en nuestro cuerpo, implica que cada persona requerirá ruído o silencio para lograr un mayor proceso de concentración y analisis. Cada quien conoce aquello que le distrae y con un poquito de fuerza de voluntad podemos ir proscribiendo esos terribles hábitos como estudiar con el celular al lado del cuaderno, apáguelo y entérese desde ya: ¡el mundo no se acabará por no tener contacto con usted durante unas horas! También se deben evitar las tensiones nerviosas o musculares.
Es curioso que despotriquemos contra nuestra conciencia cuando normalmente no nos quejamos de nuestras demás facultades. Nadie se lamenta de poseer una buena inteligencia, o buenos sentimientos, o un buen sentido del olfato o de la vista. ¿Por qué enojarse ante una conciencia sana? Tal vez porque no nos deja disfrutar el mal a gusto. Ciertamente este modo de pensar no es muy sano que digamos. El hecho de reconocer nuestra culpa después de haber obrado mal no es más que una consecuencia lógica, como es lógico que caigamos enfermos después de un atracón de veinticuatro hamburguesas. Si el mal nos inquieta, deberíamos sentirnos agradecidos; es señal de una conciencia sana. Querer hacer una maldad sin sentir remordimiento desentona con el verdadero sentido de nuestra vida.

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