En conformidad con los criterios de Marx, la sociedad se presenta en una arena conflictiva, donde existen intereses que se contraponen, por lo que el poder sale a relucir para que uno se sobrepongan sobre otros, y esta lucha de poder se presentan en todas las esferas que participa el humano.
Esa lucha ocasiona el surgimiento de lo que se conoce como clases sociales, en donde además de la disparidad de oportunidades y capacidades, algunas personas se perciben por encima de otras, alimentando así la sed por el control, forjando aún más el poder, el prestigio y el dinero que se ambiciona.
Al parecer, una lucha que persiga el beneficio de los intereses colectivos no existe, pues aunque las diferentes revueltas sean expuesta con discursos metafóricos que incitan a que las personas crean en un cambio para el desarrollo social, lo cierto es que las revoluciones normalmente terminan albergando intereses mezquinos para un determinado grupo dirigente.
Inclusive las normas religiosas que se han concebido con la evolución de la vida por los diferentes grupos religiosos, han tendido a utilizar la influencia divina como medio de control social; siempre confundiendo y amedrentando a las masas con supuestos castigos y premios que obedecen al comportamiento que se espera de ellos por parte de la divinidad.
Lo anterior, es fácilmente apreciado en la película, donde la jerarquía religiosa manipula a las clases que se mantienen sumisas, es alarmante que la población se deje influenciar por una persona que se oculta tras una túnica sin que sus palabras representen necesariamente lo que Dios desea. Con una actitud racional, es reprochable que la religión sea un instrumento de control social que perdura inclusive inmiscuyéndose en el campo político y económico.
En el proceso de socialización de una persona, pasa por esas situaciones pero sin despertar una disconformidad, porque inclusive el poder se trata de disfrazar poniéndolo al frente de la persona como algo propio, algo que es natural, y que reprochar sería ir en contra de las leyes de la naturaleza. Ese ejercicio del poder alberga en cada espacio donde las personas tengan fe, no se limita a un espacio (templo) sino que las palabras interrelacionadas en mensajes “amenazadores” llenan el rincón de los hogares, perfilando un rol para cada individuo.
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